Aluminio vs Vacunas

Hoy, la Fundación Weston A. Price envió un comunicado de prensa a los medios de comunicación estadounidenses en relación a un estudio sobre las altas concentraciones de aluminio halladas en cerebros de niños autistas, que fue publicado en 2018 en el Journal of Trace Elements in Medicine and Biology.

Quiero compartir la traducción de esta nota, siempre con la idea de generar acceso a la INFORMACIÓN, para que ésta nos permita decidir con total LIBERTAD. La elección de vacunar o no, en mi opinión, debería haber sido bien estudiada, bien meditada y teniendo muy claros cuáles serían los pros, los contras y las posibles consecuencias, en todo sentido, para poder acompañarlas con plena conciencia.

Investigadores de la Universidad de Keele en el Reino Unido examinaron el tejido cerebral de personas fallecidas con un diagnóstico de autismo, y encontraron algunos de los valores más altos de aluminio en el tejido cerebral humano registrado hasta la fecha. Se investigó el tejido cerebral de diez donantes, representando a todos los donantes disponibles en el Autism Brain Bank, y una observación destacada fue la ubicación del aluminio en células principalmente inflamatorias, no neuronales, con evidencia de que estas células se movieron de la sangre y la linfa al tejido cerebral.

Las fuentes de aluminio ingerido incluyen fórmula infantil, alimentos en envases de aluminio y alimentos cocinados en bandejas de aluminio o papel de aluminio. Sin embargo, en general, se absorbe menos del 1 por ciento del aluminio dietético. Una fuente altamente probable de aluminio en los cerebros de niños autistas son las vacunas. Un niño totalmente vacunado recibe casi 5,000 mcg de aluminio a los 18 meses de edad. (En Estados Unidos). En contraste, el máximo de aluminio por día permitido para alimentación intravenosa en niños es de 25 mcg.

Las vacunas estadounidenses que contienen uno o más tipos de aluminio incluyen la difteria, el tétanos y la tos ferina (ST, DTAP, Td, Tdap); influenza tipo b (Hib); hepatitis (A y B, A / B); las vacunas meningocócicas y neumocócicas; y el virus del papiloma humano (VPH). Todas estas vacunas están en el programa de vacunación de los Centros de Salud. Los bebés reciben habitualmente la vacuna contra la hepatitis B en el primer día de vida.  

Los compuestos de aluminio en las vacunas incluyen hidróxido de aluminio, fosfato de aluminio, “sales de aluminio”, sulfato de hidroxifosfato de aluminio amorfo (AAHS) y sulfato de aluminio y potasio. El adyuvante AAHS, propiedad de Merck (agregado a las vacunas Gardasil Hib y Hepatitis A y B) no se probó de seguridad y es uno de los componentes responsables de las reacciones adversas a las vacunas Gardasil, así como a las vacunas contra la hepatitis.  

“Las garantías del gobierno de que las vacunas no causan autismo no pueden soportar este nuevo descubrimiento”, dice Sally Fallon Morell, presidenta de la Fundación Weston A. Price. “Los padres tienen derecho a dudar antes de inyectar aluminio neuro-tóxico en sus hijos”. Uno de los riesgos únicos asociados con los adyuvantes de aluminio es una respuesta inflamatoria o autoinmune extrema. El inmunólogo israelí, Yehuda Schoenfeld, y sus colegas llamaron a esta condición “síndrome autoinmune / inflamatorio inducido por adyuvantes” (ASIA) y ahora se puede rastrear en bases de datos médicas. Los síntomas de ASIA incluyen fatiga crónica, dolor muscular y articular, trastornos del sueño, deterioro cognitivo y erupciones cutáneas.

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